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05 – Outsider

Uno vive dejando partes suyas por todos lados; pequeños fragmentos que, vistos a la distancia (y a través del tiempo), aún continúan brillando. Es así que, al dar media vuelta y echar un vistazo al camino recorrido, podemos observar a aquellos viejos amigos de la infancia, de los que ya sabemos muy poco (o casi nada, en algunos casos), o probablemente aún podamos sentir aquel primer beso que, en su momento, nos emocionó tanto, y que ahora solo parece un recuerdo distante.
Como estrellas distantes que brillan a lo lejos, pero ya no están…
O, simplemente observamos a la persona que fuimos el día anterior, tan ajena y tan de uno mismo, que nos hace sentir un poco extraños. Después, con cierta nostalgia, volvemos al camino, porque aun nos queda, delante de nosotros, la senda que nos llevará a ser el hombre que seremos mañana.
El hombre del mañana.
¿Qué significa eso?
Dicen que el Hoy es el Mañana que tanto nos preocupaba Ayer. Frases hechas que se repiten una y otra vez… una y otra vez. El Mañana es Hoy. Claro, porque… después de todo, ¿qué es el tiempo?
¿Y qué pasa cuando el Tiempo deja de ser lo que es para convertirse en un concepto difícil de comprender?
Sucedió hace un par de años. Durante un momento de introspección, cuando descubrí que además de poder mirar hacía adentro, teníamos el don de poder mirar hacia atrás y observar el camino recorrido, con tanta claridad, sobre todo cuando se entrelazaban los recuerdos que habíamos dejado dispersos en él, como pequeñas migajas que nos mostraban el camino de regreso a nuestro origen. El sendero de vuelta a la semilla.
Uno puede aprender muchas cosas cuando mira hacia adentro. Y cuando se observa hacia atrás, uno logra aprender un par de cosas más.
Pero el aroma de la incertidumbre me hizo girar y ver hacia el otro lado.
El pasado era una cosa, solo había que observar el camino que habíamos dejado atrás, y se podía empezar a recordar, así de fácil (aunque, obviamente, la práctica siempre es necesaria para lograr cierto grado de especialización). Algunos recuerdos empezaban a apagarse, es cierto, pero muchos de ellos brillaban con tanta intensidad que era muy fácil poder distinguirlos, aun cuando éstos ya estaban muy distantes, y otros más, casi inalcanzables.
En cambio, el Futuro era algo distinto. Como pude notar desde un primer momento, no se distinguía nada en él.
Bajé la mirada y pude ver mi Presente, eso siempre había estado ahí, y me había acostumbrado tanto a él, que no me preocupaba realmente. Sin embargo, lo que había delante de mí, era distinto, era inefablemente misterioso. Y era ese misterio lo que me atraía tanto. Merecía ser estudiado detenidamente. Pero… ¿cómo se estudia lo que no se ve, lo que no está ahí?
Pasé mucho tiempo observando esa densa oscuridad que se cernía frente a mí. A pesar de no mostrarme nada, resultaba más fascinante que lo que había detrás, en mi Pasado. Pero no había manera de adentrarme en él. Lo único que podía hacer era caminar, hacer que el tiempo convirtiera el Futuro en mi Presente, pero entonces… ya no era el Futuro.
Y de nuevo, ¿qué significaba realmente el tiempo?, ¿había manera de usarlo a mi favor?
Sin saber qué hacer, me sumergí en mi propio ser, busqué respuestas en donde solo había preguntas y, después de varias muertes y resurrecciones, surgí de las profundidades de mi Yo, un poco siendo el mismo, y un poco siendo otra persona.
Fue en ese momento cuando me desprendí de mis propias limitaciones, y quise asimilar lo que había detrás de mí como parte de mi Presente, con la esperanza de que el Futuro también fuera parte de ese proceso de asimilación de la dimensión temporal de la realidad. Y todo cambió; por un breve instante el Tiempo y el Espacio fueron solo una ilusión, no se cómo fue que sucedió, ni siquiera estoy seguro de que haya sucedido (al menos no bajo lo que definiríamos como suceso o evento, ya que no tuvo nada que ver con el plano espacio-temporal), pero después de eso pude ver que el Futuro ocultaba pequeñas siluetas luminosas dentro de la inmensa mancha oscura que lo contenía.
Aproveché la Atemporalidad Momentánea y pasé media eternidad aprendiendo a descifrar lo que había frente a mí. Aprendí a ver nuevamente, pero de un modo distinto. Durante mucho tiempo aprendí, y dejé que mi mirada se acostumbrara más y más al horizonte oscuro que se levantaba frente a mí.
Y, un día, no vi nada más. Mi mirada alcanzó el borde de mi existencia. Pero yo no estaba ahí. Era como si yo me hubiera desvanecido varios años antes; o siglos, no estaba consciente de cuánto había pasado realmente. Estuve tan fascinado con todo lo que veía y aprendía que me olvidé de mí mismo, y cuando me busqué, en mi propio Futuro, en la orilla de mi propia realidad, no me encontré. Percibía otras sombras, otras presencias, que me eran familiares, aunque no sabía porqué; pero aunque me esforzaba, yo ya no estaba ahí.

Intenté mirar hacia atrás, desde ese punto. Pero a esa distancia, lo único que pude lograr fue regresar a mi punto de partida: el Presente. Una extraña sensación de irrealidad se apoderó de mí. Sentí la levedad de mi propio ser y, fatigado, me dejé caer.

En el cielo se podían distinguir algunas estrellas. No sabría cómo explicarlo, pero algunas parecían sonreír.

Cerré los ojos y dormí. Habité dentro de mis propios sueños por un largo tiempo. Durante muchos días y muchas noches, el reino de los sueños fue el lugar en el que mi espíritu y mi alma se ocultaron. Hasta la noche en que volví a despertar. Aquella noche me levanté y decidí caminar otra vez; tenía que volver a buscarme, tenía que encontrar el momento en que yo dejé de estar sin dejar de existir. Me llevaría mucho tiempo, probablemente una eternidad, o quizá un poco más.
Pero no tenía prisa. Uno descubre muchas cosas cuando aprende a ver.
Así que me levanté, y retomé el camino.

.

.

.

Lejos, muy lejos de aquí, alguien observa, fuera de este plano existencial, todo lo que sucede en las distintas dimensiones de la realidad. Su pensamiento es distinto al nuestro, su existencia es completamente ajena a nosotros. Él existe sin existir.

En este momento (y en todos los momentos), muy lejos de aquí, cierra los ojos y sonríe. Aunque permanece inmóvil, se mueve en todas direcciones. Y sin pronunciar ninguna palabra, nos dice: Buen viaje.

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