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01 – Fragmentación natural de los cuerpos

En el centro de la realidad (hay que aclarar que cuando se habla de una realidad sin límites ni forma, el centro se puede encontrar en todas partes y en ninguna a la vez), un extraño suceso tiene lugar. Ante la mirada impasible del universo, una luz se hace presente, parpadeando durante unos segundos, atravesando la noche eterna, solitaria, durante siglos, que se extienden hasta convertirse en milenios, esperando el momento indicado.

Inesperadamente, la luz crea el sonido, comienza a apagarse y deja de brillar para empezar a latir; a su alrededor, el espacio se contrae, creando tejidos, unos sobre otros… y así inicia todo. En determinado momento, aquella insignificante partícula de existencia empezará a asimilar la conciencia universal, extendiendo su mirada hacia el pasado y hacia el futuro, abarcando el tiempo y el espacio, sin saber discernir todo este conocimiento, y entonces la noche la cubrirá con un manto negro.

Y dormirá, y olvidará.

Has pasado mucho tiempo colgado de ese delgado hilo que a su vez cuelga de la nada, pero hoy decidiste despertar y descender, tus pies por fin tocaron el suelo y si, es como lo recordabas (¿cómo es posible recordar algo que nunca has experimentado?), solido, firme… simple… y sin embargo, aun en su simpleza existe algo que te asombra; te acostumbras un poco y das tus primeros pasos, lentos y torpes, abres los ojos y empiezas a ver, todo a tu alrededor es nuevo, todo es tan confuso, tan difícil de comprender, pero sigues caminando, sabes que tienes que llegar a algún lugar.

Mientras caminas, te vuelves uno con el mundo. aprendes los usos y costumbres del espacio que te rodea. Te adaptas al momento y al lugar. Vives, y dejas que el tiempo transcurra a su ritmo, durante casi toda una eternidad.

Y el tiempo pasa, tantas veces como le es posible, hasta que se olvida de ti.

Ser olvidado por el tiempo no es tan complicado, al menos no tanto como ser olvidado por la realidad, solo hay que saber no olvidarse nunca de uno mismo, es esa autoconciencia la que te permite mantenerte anclado al plano existencial, claro, mientras tú quieras.

Y el tiempo pasó.

Justo cuando creías que este momento ya no llegaría. No estás obligado a seguir este camino, sabes que puedes seguir naufragando a la deriva por el resto de la eternidad, pero algo en tu interior te dice que tienes que hacerlo, has vivido lo suficiente como para saber que ha llegado el momento. Te detienes por un momento a observar. Reflejadas en el aire, cientos de escenas de distintas realidades se muestran ante tus ojos, alguien se ha desprendido de su sombra en algún punto de este mundo y se eleva poco a poco, justo en ese momento, y de tus ojos cansados brota una lágrima. Debes continuar.

Mientras caminas, miles de pensamientos regresan a ti, uno a uno empiezan a brotar de algún lugar de tu memoria, te cuesta trabajo organizarlos pero lo intentas, con mucha dificultad lo intentas, el conocimiento de cientos de vidas empieza a ocupar tu mente en unos cuantos segundos, sientes que vas a estallar y te detienes, ya no puedes seguir. Has Fallado, no hay nada más.

Sabías que sería difícil, pero tenías la esperanza de poder llegar hasta el final, y ahora no puedes siquiera dar un paso más, tus fuerzas se desvanecen y te dejas caer. Y un sueño muy pesado cae sobre ti.

Una suave brisa te hace despertar, abres lentamente los ojos y ves el amanecer, te preguntas si acaso fue un sueño, pero no, todos esos pensamientos siguen ahí, se reagrupan y te vuelven a atormentar, entonces escuchas una voz que viene de todas partes, te llama, te llama sin pronunciar tu nombre, pues ni siquiera recuerdas haber tenido uno; te pones de pie y escuchas, te ordena empezar a hablar, pero… de qué puedes hablar en estos momentos si esos pensamientos no te dejan siquiera pensar en otra cosa.

Y por fin lo entiendes, este es el lugar, has llegado al final del camino.

Te pones de pie y empiezas a hablar, todos tus pensamientos se esparcen en el viento, en este momento nadie te oye pero el viento se encargará de llevar tus palabras a donde tengan que ir, empiezas a sentirte un poco más ligero y de repente empiezas a notar que tu cuerpo empieza a fragmentarse, puedes verlo disolverse en pequeñas partículas de un polvo muy fino que empieza a mezclarse con el viento, tu cuerpo se desvanece mientras hablas, tu existencia empieza a volar junto con tus palabras. Al final solo queda tu corazón, como una mancha oscura que late suspendida en el aire. Ya no se oye tu voz, solo queda el silencio interrumpido por tus latidos.

Y entonces, con un último latido, tu corazón estalla dejando escapar un largo suspiro. Todo ha terminado. Ya puedes descansar. Ahora eres parte del universo que te vio nacer.

Bienvenido a la eternidad.

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