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06 – Magia

La luna brilla sobre la ciudad, yo llevo varias horas siguiendo a este sujeto, y creo que al fin ha llegado el momento de actuar. Lo he notado cansado y con una marcha irregular, eso me da cierta ventaja sobre él, pero la calle está llena de gente y va a ser difícil no llamar la atención, tendré que hacer que entre a algún lugar donde… oh, eso es mejor, él acaba de dar vuelta en un callejón, tal vez para ocultarse y descansar; empiezo a correr hacia el callejón, lo alcanzo y jalo de su hombro, al girarse veo… fuego… fuego saliendo de sus ojos, es lo primero… lo único que veo… ya he visto antes este tipo de cosas, pero esto… siempre tuve miedo de esto, solo pensar en volver a encontrarme con él, y yo ni siquiera sabía que él había vuelto de. No. Debo controlarme. Debo tomar el control de la situación, porque soy el único que puede hacerlo… no puedo, estoy muy asustado, todo ha llegado a su fin, y yo…

Despierto en mi cama, asustado como un niño que le teme a la oscuridad, aunque puedo decir que he visto lo terrible que puede ser realmente la oscuridad… las sombras de la noche me hacen creer que sigo dentro de la pesadilla, pero poco a poco me convenzo a mí mismo de que no es así, solo estaba soñando, aunque eso no me consuela demasiado, a fin de cuentas solo es una calma pasajera, hasta que alguna de esas cosas logre regresar.

Pero eso no pasará mientras todo siga tal como lo he planeado; todas las aberturas selladas, las puertas cerradas, los falsos caminos que construí y que conducen únicamente al punto de partida, muy lejos de aquí; tardé demasiado, y estuve a punto de morir mientras me aseguraba de que esta realidad estuviera a salvo, pero ahora puedo volver a tener una vida normal, bueno, excepto por las pesadillas que tengo después de haber visto tantas cosas.

¿Porqué me vine a este lugar? bueno, podría decir que la energía del lugar esto, que las vibraciones de todo este ecosistema lo otro, pero para ser honestos, fue por una mujer. Todo sucedió hace un par de años, cuando trabajaba en… algo importante. Pasé por este lugar, después de neutralizar ciertas energías negativas provenientes de unas montañas cercanas, y me encontré con esta chica, no acostumbraba relacionarme con otras personas, pero por casualidad me topé con ella, y me sentí tan bien estando a su lado que decidí cambiar mi estilo de vida. Pasé un par de días bastante agradables junto a ella en este lugar, me mostró varios lugares realmente mágicos, y cuando empezaba a creer que el universo por fin me daría un descanso, algo surgió, entonces comprendí que debía tomar cartas en el asunto, no podía seguir simplemente esperando, debía moverme antes de que “ellos” hicieran su siguiente jugada. Y lo logré.

Cuando terminé todo lo que tenía que hacer, regresé a este lugar, habían pasado 4 meses, y ella seguía esperándome. Me sorprendí un poco, pues aunque le prometí regresar para vivir una vida nueva junto a ella, no esperaba encontraba encontrarla aún. Mi vida estaba empezando a cambiar.

Ella vivía sola, sus padres vivían en un pequeño país, del otro lado del mundo, aunque siempre recibía cartas de ellos y ella también les escribía. Me contó que a los dieciocho años abandonó su hogar y decidió viajar por el mundo para poder conocer nuevos lugares y, un día, llegó aquí. Se enamoró inmediatamente del lugar y decidió quedarse. Eso fue unos meses antes de que yo llegara aquí.

Yo nunca le he contado lo que hacía antes de conocerla; en vez de eso, le cuento la historia de un empleado que viajaba por encargo de una empresa internacional, y que de vez en cuando, se tomaba un par de días para descansar entre cada viaje y poder visitar lugares como éste, apartados del resto del mundo y con tanta magia en ellos. Magia…

Hoy celebramos nuestro primer aniversario juntos, así que iré a la ciudad más cercana por algunas cosas para la cena, mientras ella arregla un poco la casa y prepara una sorpresa, o al menos eso dijo ella. Yo creo que más bien no quiere caminar, aunque no la culpo, es bastante cansado ir de aquí a la ciudad, y al menos la mitad del camino debe hacerse a pie. Tampoco descarto lo de la sorpresa.

Todo marcha bien, regresé antes de que anocheciera, preparamos juntos la cena, tuvimos una agradable conversación mientras cenábamos, y pasamos la noche haciendo el amor, olvidándonos del resto del mundo, solo nosotros dos. Ella me regaló un collar que había hecho aquella tarde, me lo puso ella misma y dijo que me quedaba muy bien, que no me lo quitara. Todo es tan perfecto, tal vez debería empezar a olvidarme de las preocupaciones que siempre me aquejan, debo confiar más en mí y convencerme de que todo lo que hice mantendrá a las pesadillas alejadas de mí, de este mundo. Dormimos abrazados, ella parecía sentirse segura junto a mí, creo que yo también debería sentirme igual. Aquella noche dormí sin que nada me molestara, ninguna pesadilla me despertó durante la noche. Lo que no sabía era que las pesadillas ya me estaban esperando fuera de mis sueños.

Desperté antes del amanecer, el sol aún no había salido y cuando miré al lado, ella no estaba, cuando quise levantarme descubrí que estaba atado. Ya sabía lo que estaba a punto de suceder, antes de que las paredes empezaran temblar y remolinos de luces y sombras atravesaran el cuarto, incluso antes de que las risas frías y oscuras inundaran la casa, yo ya lo sabía, ellos habían encontrado la manera de cruzar hasta este lugar, y yo era la primera persona que ellos venían a buscar.

Algo levantó mi cama desde la cabecera, dándome una mejor vista del lugar, había muchas sombras, aun no se materializaban del todo en este lugar, pero eso no las hacía menos peligrosas. Fue cuando ella cruzó por la entrada de la habitación, y entonces, antes de que le pudiera gritar que escapara, también lo supe. Solo bajé la mirada. Detrás de ella entró una sombra alta enorme, con fuego en los ojos.

—Por fin nos encontramos— dijo aquella cosa, su voz sonaba tan aterradora, peor de lo que yo había imaginado— desde que tu maestro y yo nos enfrentamos por última vez, tenía tantas ganas de encontrarme contigo. Él ya no está y tú no representas ningún problema para mí.

—Bueno, ya estamos aquí, si no estuviera atado te ofrecería una taza de té— yo estaba derrotado, el momento que tanto temía había llegado. No sé que era lo peor de ese momento, tal vez el hecho de que por fin me enfrentaría a mi mayor miedo, la cosa que arrastró al que una vez fue mi maestro a un lugar del que nunca volvió, o tal vez, que la única persona que amé me había traicionado, y de qué manera.

—Tal vez te preguntarás cómo fue que logramos encontrarte. ¿Cómo pudimos pasar sobre todos los obstáculos que pusiste en nuestro camino?— la sombra cruzó la habitación y se acercó hacia mí, aún no era momento de actuar, pero no podía confiarme, cualquier error, por mínimo que hubiera sido, me habría costado la vida y habría puesto en peligro al mundo entero, la voz se arrastró nuevamente desde el interior de aquella sombra, como salida de una tumba— encontrarte no fue difícil, siempre supimos donde encontrarte. Cuando bajaste de aquellas montañas, nosotros ya te observábamos, ya empezábamos a planear este momento. Entonces, te encontraste con ella.

Levanté la mirada y, casi de manera sincronizada, ella hizo lo mismo, pero miró hacia otro lado rápidamente. Todo este tiempo. Ahora lo entendía. Mis sueños, el miedo, todo lo que me preocupaba. Intenté proteger al mundo, protegerla a ella, sin darme cuenta que era por ella que el mundo aun seguía en peligro.

—Ya lo entendiste. Cuando abandonaste este lugar, le ofrecimos algo que no pudo rechazar. Y mientras tú te mantenías ocupado en tu cruzada contra las sombras, nosotros establecimos un vínculo entre tu mundo y el nuestro, a través de ella. Sabías que era distinta, lo podías sentir, percibías como la realidad actuaba de manera extraña a su alrededor, y creías que era amor.

Avergonzado, escuchaba las risas, la forma en la que acechaban desde las paredes, esperando el momento de lanzarse sobre mí, mientras él se erguía orgulloso frente a mí.

—Y lo mejor de todo— dijo él, dirigiéndose a la multitud que se agitaba desde las paredes— mientras estuviste con ella te olvidaste de la magia.

Las paredes volvieron a reír.

—Te olvidaste de tu magia, y creyendo estar a salvo, viviste una vida normal. Ahora, nosotros hemos regresado y en vez de encontrar al guardián que muchos temían, encontramos a un hombre común, derrotado, atado, expuesto, humillado.

—Tal vez…

Mi sonrisa hace que sus burlas paren. En cualquier instante podrían atacar y todo habrá terminado, pero aún no, todavía no es el momento.

—Dices que me olvidé de la magia— dije, intentando ganar tiempo— Solo porque abandoné aquél estilo de vida, porque dejé de usar una túnica, un báculo, todas esas herramientas y reliquias que ustedes tanto temían. Dices que me olvidé de la magia porque dejé de ocultarme del mundo para ser parte de él. Me ven semidesnudo y creen que estoy indefenso. Tal vez no tengo garras, ni alas, ni puedo escupir fuego como muchos de ustedes. Pero todo eso es simple apariencia. Dices que abandoné la magia, y crees que por esa razón la magia me abandonó a mí, lo que no ves es que cuando dejé todo atrás, lo único que traje conmigo fue la magia. En el simple acto de beber agua, dar las gracias por los alimentos o mientras reflexionaba observando el atardecer, yo podía sentir la magia que inundaba este mundo e interactuaba con ella. Estando aquí, viviendo una vida “normal”, aprendí nuevos secretos que nadie me pudo haber enseñado, pues provenían directamente de la tierra.

—Es solo palabrería. Ves tu final cerca y lo único que te queda es hablar para retrasar el momento de tu muerte. Pero tu muerte es algo inevitable.

—Tal vez sí, pero no pienso morir sin arrastrar a todos ustedes conmigo. Dices que no existe nada que te pueda dañar en este lugar, y por eso entras a mi casa y me enfrentas directamente, dices que no hay magia en este lugar, pero estás equivocado. ¡Yo soy la magia!

Justo en el momento exacto, cuando él se sintió realmente amenazado y se lanzó sobre mí, haciendo que todas las demás sombras hicieran lo mismo, supe que era el momento.

Un destello de luz inundó el lugar. Había asegurado todos los lugares menos uno. Me engañaron, lo sé, pero yo también los engañé a ellos. En realidad, había dos lugares, el que ellos establecieron en ella, y otro, que yo había preparado para una situación de emergencia como ésta.

Apenas pude liberarme de mis ataduras, esquivé a todos ellos y corrí hacia ella. Cuando la tuve entre mis brazos pronuncié las palabras que esperaba nunca pronunciar, porque cuando salieran de mi boca, el último de los portales se cerraría, arrastrándome a mí fuera de este mundo y jamás la volvería a ver a ella. Pero ahora tenía que asegurarme de que ella también atravesara esta última puerta. Ellos establecieron un camino y un portal gracias a ella, pero su orgullo los empujó a cometer el error de aparecer justamente aquí, donde yo estaba. Venían por mí sin saber que yo ya los estaba esperando.

Ella me miró a los ojos, no supe descifrar lo que pensaba en ese momento, pero no había tiempo. Ellos rasgaban mi piel, intentando detener lo que había iniciado, pero ya estaba hecho, todos fueron atraídos hacía el portal, incluso yo y ella. En un momento todo eran gritos, dolor y caos, y al siguiente todo era oscuridad. Mi piel había sido rasgada, y en el desesperado intento de escapar, algunos de ellos lograron destrozar buena parte de mi cuerpo. Pero ya no importaba. Cuando abandoné mi cuerpo también fui atraído a este lugar, junto con ellos. A lo lejos, pude ver cómo ella aun se aferraba a lo que quedaba de mi cuerpo físico, dentro de poco, ella morirá, pues nada sobrevive en este lugar. Casi nada.

Ahora ya no soy importante para ellos, aunque esté aquí con ellos ya no me molestarán. Pasará mucho tiempo antes de que ellos logren encontrar algún otro camino al mundo físico. Tal vez para entonces alguien más los esté esperando. Siempre pensé que yo no podía ser el único que protegía aquel lugar, y poco antes de cruzar hacia este plano, pude sentir algo… a alguien. Todo estará bien, lo sé. Ahora puedo descansar.

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05 – Outsider

Uno vive dejando partes suyas por todos lados; pequeños fragmentos que, vistos a la distancia (y a través del tiempo), aún continúan brillando. Es así que, al dar media vuelta y echar un vistazo al camino recorrido, podemos observar a aquellos viejos amigos de la infancia, de los que ya sabemos muy poco (o casi nada, en algunos casos), o probablemente aún podamos sentir aquel primer beso que, en su momento, nos emocionó tanto, y que ahora solo parece un recuerdo distante.
Como estrellas distantes que brillan a lo lejos, pero ya no están…
O, simplemente observamos a la persona que fuimos el día anterior, tan ajena y tan de uno mismo, que nos hace sentir un poco extraños. Después, con cierta nostalgia, volvemos al camino, porque aun nos queda, delante de nosotros, la senda que nos llevará a ser el hombre que seremos mañana.
El hombre del mañana.
¿Qué significa eso?
Dicen que el Hoy es el Mañana que tanto nos preocupaba Ayer. Frases hechas que se repiten una y otra vez… una y otra vez. El Mañana es Hoy. Claro, porque… después de todo, ¿qué es el tiempo?
¿Y qué pasa cuando el Tiempo deja de ser lo que es para convertirse en un concepto difícil de comprender?
Sucedió hace un par de años. Durante un momento de introspección, cuando descubrí que además de poder mirar hacía adentro, teníamos el don de poder mirar hacia atrás y observar el camino recorrido, con tanta claridad, sobre todo cuando se entrelazaban los recuerdos que habíamos dejado dispersos en él, como pequeñas migajas que nos mostraban el camino de regreso a nuestro origen. El sendero de vuelta a la semilla.
Uno puede aprender muchas cosas cuando mira hacia adentro. Y cuando se observa hacia atrás, uno logra aprender un par de cosas más.
Pero el aroma de la incertidumbre me hizo girar y ver hacia el otro lado.
El pasado era una cosa, solo había que observar el camino que habíamos dejado atrás, y se podía empezar a recordar, así de fácil (aunque, obviamente, la práctica siempre es necesaria para lograr cierto grado de especialización). Algunos recuerdos empezaban a apagarse, es cierto, pero muchos de ellos brillaban con tanta intensidad que era muy fácil poder distinguirlos, aun cuando éstos ya estaban muy distantes, y otros más, casi inalcanzables.
En cambio, el Futuro era algo distinto. Como pude notar desde un primer momento, no se distinguía nada en él.
Bajé la mirada y pude ver mi Presente, eso siempre había estado ahí, y me había acostumbrado tanto a él, que no me preocupaba realmente. Sin embargo, lo que había delante de mí, era distinto, era inefablemente misterioso. Y era ese misterio lo que me atraía tanto. Merecía ser estudiado detenidamente. Pero… ¿cómo se estudia lo que no se ve, lo que no está ahí?
Pasé mucho tiempo observando esa densa oscuridad que se cernía frente a mí. A pesar de no mostrarme nada, resultaba más fascinante que lo que había detrás, en mi Pasado. Pero no había manera de adentrarme en él. Lo único que podía hacer era caminar, hacer que el tiempo convirtiera el Futuro en mi Presente, pero entonces… ya no era el Futuro.
Y de nuevo, ¿qué significaba realmente el tiempo?, ¿había manera de usarlo a mi favor?
Sin saber qué hacer, me sumergí en mi propio ser, busqué respuestas en donde solo había preguntas y, después de varias muertes y resurrecciones, surgí de las profundidades de mi Yo, un poco siendo el mismo, y un poco siendo otra persona.
Fue en ese momento cuando me desprendí de mis propias limitaciones, y quise asimilar lo que había detrás de mí como parte de mi Presente, con la esperanza de que el Futuro también fuera parte de ese proceso de asimilación de la dimensión temporal de la realidad. Y todo cambió; por un breve instante el Tiempo y el Espacio fueron solo una ilusión, no se cómo fue que sucedió, ni siquiera estoy seguro de que haya sucedido (al menos no bajo lo que definiríamos como suceso o evento, ya que no tuvo nada que ver con el plano espacio-temporal), pero después de eso pude ver que el Futuro ocultaba pequeñas siluetas luminosas dentro de la inmensa mancha oscura que lo contenía.
Aproveché la Atemporalidad Momentánea y pasé media eternidad aprendiendo a descifrar lo que había frente a mí. Aprendí a ver nuevamente, pero de un modo distinto. Durante mucho tiempo aprendí, y dejé que mi mirada se acostumbrara más y más al horizonte oscuro que se levantaba frente a mí.
Y, un día, no vi nada más. Mi mirada alcanzó el borde de mi existencia. Pero yo no estaba ahí. Era como si yo me hubiera desvanecido varios años antes; o siglos, no estaba consciente de cuánto había pasado realmente. Estuve tan fascinado con todo lo que veía y aprendía que me olvidé de mí mismo, y cuando me busqué, en mi propio Futuro, en la orilla de mi propia realidad, no me encontré. Percibía otras sombras, otras presencias, que me eran familiares, aunque no sabía porqué; pero aunque me esforzaba, yo ya no estaba ahí.

Intenté mirar hacia atrás, desde ese punto. Pero a esa distancia, lo único que pude lograr fue regresar a mi punto de partida: el Presente. Una extraña sensación de irrealidad se apoderó de mí. Sentí la levedad de mi propio ser y, fatigado, me dejé caer.

En el cielo se podían distinguir algunas estrellas. No sabría cómo explicarlo, pero algunas parecían sonreír.

Cerré los ojos y dormí. Habité dentro de mis propios sueños por un largo tiempo. Durante muchos días y muchas noches, el reino de los sueños fue el lugar en el que mi espíritu y mi alma se ocultaron. Hasta la noche en que volví a despertar. Aquella noche me levanté y decidí caminar otra vez; tenía que volver a buscarme, tenía que encontrar el momento en que yo dejé de estar sin dejar de existir. Me llevaría mucho tiempo, probablemente una eternidad, o quizá un poco más.
Pero no tenía prisa. Uno descubre muchas cosas cuando aprende a ver.
Así que me levanté, y retomé el camino.

.

.

.

Lejos, muy lejos de aquí, alguien observa, fuera de este plano existencial, todo lo que sucede en las distintas dimensiones de la realidad. Su pensamiento es distinto al nuestro, su existencia es completamente ajena a nosotros. Él existe sin existir.

En este momento (y en todos los momentos), muy lejos de aquí, cierra los ojos y sonríe. Aunque permanece inmóvil, se mueve en todas direcciones. Y sin pronunciar ninguna palabra, nos dice: Buen viaje.

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04 – Matar o morir

Desperté acalorado, empapado en sudor; a pesar de estar en un lugar cerrado y casi a oscuras, el calor del exterior lograba penetrar con tanta fuerza que me hacía sentir aletargado. No recordaba bien en dónde estaba, ni cómo había llegado aquí; al intentar levantarme para empezar a caminar, las piernas me fallaron y caí. Decidí empezar a arrastrarme a través del suelo, que resultó ser irregular, tan suave en algunas partes, y tan movedizo, mientras que en otras era firme y muy duro… en cuanto recuperé mis fuerzas me levanté un poco pero apenas afirmaba un pie, resbalaba o tropezaba con algo y caía, casi siempre sobre suelo blando, como acolchado, lo cual amortiguaba un poco el golpe.

Alcancé a ver entonces una luz que se filtraba débilmente a lo lejos, y supe que ahí encontraría una salida. No se cuánto tiempo tardé en llegar hasta ahí, en ese momento ni siquiera sabía si estaba despierto o solo estaba soñando, pero efectivamente, al llegar ahí encontré una puerta grande y pesada, hice un enorme esfuerzo para abrirla y pude ver un largo pasillo que llevaba a un lugar más alto, y que seguramente daba al exterior.

Mientras recorría este pasillo, desde donde se veía con más claridad una luz al final del mismo, tropecé nuevamente y caí sobre lo que yo consideraba un suelo recubierto con material acolchado. Fue entonces, gracias a la luz que se filtraba, cuando descubrí que lo que amortiguaba mis caídas eran cuerpos, cuerpos sin vida. Me levanté y pude ver que más adelante había otros dos, cerca de la salida; me acerqué a ellos y los observé detenidamente, solo para llegar a la conclusión de que jamás los había visto, no los reconocía, pero al mismo tiempo sus rostros me parecían tan familiares. No me asustaba estar rodeado de cadáveres, ni me aterraba la idea de haberme arrastrado por encima de varios de ellos, aunque sí me intrigaba el hecho de que estuvieran ahí abandonados, el no saber qué era lo que había pasado. Por un momento creí estar muerto, pero descarté rápidamente esa idea, yo seguía vivo, eso era obvio, ¿pero porqué los demás no?

Tampoco recordaba quién era yo, de hecho, sigo sin recordar quién soy. Cada vez que intento recordar algo anterior a aquel momento en el que desperté, la cabeza me empieza a doler y desisto. No recuerdo mi nombre, ni mi lugar de origen, es como si no tuviera un pasado, como si acabara de nacer… no, mis pensamientos son muy confusos, se que hay algo más, pero me cuesta recordar, de verdad, me cuesta demasiado… no importa, en este momento solo quiero seguir caminando, aunque no sepa hacia a dónde voy.

Cuando llegué al final del pasillo me encontré con una puerta, mucho más ligera que la anterior, y un instante antes de abrirla creí que del otro lado encontraría las respuestas a todas mis inquietudes, o al menos habría alguien que pudiera darme alguna explicación. Pero en cuanto salí al exterior no encontré nada, solo un campo extenso con unos cuantos árboles y pastizales que disimulaban un poco la soledad del lugar. A lo lejos se podía distinguir una cadena de montañas, pero nada más. Solo el sonido de las aves interrumpía el silencio de aquel lugar.

El insoportable calor me hizo dirigirme rápidamente hacía un árbol que se encontraba a unos 20 metros. Fue hasta ese momento, cuando noté que me encontraba totalmente desnudo, así que regresé al lugar de donde había salido y le quité la ropa al hombre que se encontraba más cerca de la salida. La ropa me quedaba bien… pobre hombre, aun me pregunto qué la habrá sucedido… a él y a todos los demás.

Cuando volví a salir, el cielo empezaba a nublarse; aquí no había nada más que aquella solitaria construcción subterránea, con una salida que sobresalía por encima de la superficie, así que decidí empezar a caminar, en algún momento encontraría a alguien y entonces podría saber en dónde me encontraba.

Debí haber caminado un par de horas, sin tener éxito, obviamente, y empecé a cansarme. Se hacía de noche. Tampoco había comido nada, mi vista empezó a fallar, y sin poder hacer nada más, me tiré en el suelo, sin fuerzas para continuar; a lo lejos distinguí dos o tres sombras que se acercaban, pero creí que eran parte de algún espejismo o alucinación. Por un momento creí que iba a morir.

Desperté al lado de una fogata, con un cielo nocturno lleno de estrellas, y al intentar levantarme, un hombre me acercó un trozo de carne. No tenía idea de quiénes eran esas personas, solo quería saciar mi hambre, así que comí en silencio, mientra ellos me observaban. Cuando terminé les di las gracias, pero ninguno respondió, solo uno de ellos asintió y, después de cruzar algunas miradas con sus compañeros, me sirvió un poco de agua en una taza de barro que tenía a su lado, y bebí. Cada uno de ellos bebió también y, unos minutos después comprendí que esa líquido era más bien una especie de droga.

Lo que sucedió después fue muy confuso. Empecé a sentirme más relajado, hasta que abandoné mis pensamientos y me dediqué únicamente a la contemplación de las constelaciones que parecían vibrar sobre la tierra. Ellos empezaron a hablar en un idioma que no comprendí, después empezaron a reír, a cantar y, por último, a bailar alrededor de la fogata. Todo estaba bien, no me importaba saber quién era, estaba vivo y eso ya era motivo para estar feliz… poco a poco me fui sumergiendo dentro de mí mismo, hasta que no supe nada más del mundo.

Tuve un sueño extraño, yo era enorme y de mi interior brotaba una voz oscura y confusa que no entendía, tuve miedo, y la oscuridad me rodeo, entonces sentí que volaba por encima de los campos; los tres hombres corrían delante de mí, y entonces la oscuridad nubló mi vista y no vi nada más.

Cuando desperté ya estaba amaneciendo, pero no vi a nadie cerca, supuse que me habían abandonado. Así que simplemente me levanté y continué caminando en dirección a las montañas, ellos no me debían nada, así que no me molestó que hubieran hecho eso. Y aunque por un momento, creí que todo había sido parte de un sueño, mi hambre saciada y las manchas en mi ropa (probablemente por la comida) comprobaban que todo había sido real.

Al levantarme, pude recordar un poco… sí… recordaba cómo eran las instalaciones de donde había salido el día anterior. Era un sitio con mucha luz. Yo trabajaba ahí… no, no trabajaba, pero estaba ahí, por algo importante. La persona a la que le quité la ropa era un sujeto bastante agradable, no recuerdo su nombre, pero parecía un buen hombre. Los demás me provocaban cierta aversión. Todos tenían un aspecto muy serio, llevaban batas blancas y había muchas máquinas y aparatos encendidos. Pero esos recuerdos solo eran imágenes mezcladas de muchas cosas, no pude obtener nada concreto de ellas.

Mientras caminaba, empecé a ejercitar un poco más mi memoria, recordando los detalles del día anterior. Sí, pude recordar todo, hasta el momento en que empecé a sentirme drogado. Esforzándome un poco, pude recordar algo más… aquellos hombres, los vi correr… probablemente la droga los hizo alucinar y terminaron huyendo de sus propios fantasmas. Eso explica porqué me dejaron abandonado, pobres hombres, se veían demasiado aterrados. Recuerdo haber corrido también, tal vez la droga provocó en mí el mismo efecto que en ellos, pero con lo cansado que estaba, seguramente me cansé rápidamente y me entregué al sueño, mientras ellos continuaron su camino.

Y aquí sigo, caminando sin saber en dónde estoy o hacia a dónde me estoy dirigiendo. Pero mi suerte empieza a cambiar, a lo lejos distingo algunas construcciones, parece ser un pequeño pueblo. Empiezo a apresurar el paso.

Cuando llego al lugar me extraña el silencio, no hay nadie en ningún lugar, parece que ha sido abandonado. Recorro las calles y a lo lejos distingo una silueta que pasa corriendo, así que corro detrás de ella y doy vuelta en una calle solo para encontrarme con un perro, que al verme vuelve a huir. Era solo un perro, no hay nadie. Aunque el lugar me parece extrañamente familiar. Me doy media vuelta y regreso, pero al salir a la calle por la que iba caminando al principio me encuentro con dos hombres armados que se sorprenden al verme. Mi reacción ante ellos es similar, pues van vestidos con uniformes negros que desentonan completamente con el aspecto rural de aquel lugar.

Uno de ellos saca un aparato de su bolsillo, se lo pone junto al oído y dice algunas palabras que no alcanzo a escuchar bien, debe ser algún tipo de teléfono móvil o comunicador. Intento acercarme, pero ellos dan un paso atrás, creo que están asustados… ¿de mí?

Algo no está bien, el hombre del teléfono móvil continúa hablando y, de repente, guarda el teléfono y mira a su compañero, le dice algo. Yo empiezo a retroceder lentamente. Toman sus armas y me apuntan, esto definitivamente no está bien. Empiezo a correr hacia un callejón que se encuentra a mi izquierda, ellos disparan y apenas puedo escapar a tiempo.

¿Porqué me atacan? Yo no les he hecho nada a ellos.

Ellos vienen detrás de mí, debo ocultarme. Puedo correr hacia el bosque o intentar ocultarme en alguna de estas casas abandonadas. Doy varias vueltas, intentando perderlos, y cuando siento que ya los he dejado atrás veo una casa con una puerta abierta. Algo me dice que si quiero sobrevivir tengo que atacarlos a ellos, no quisiera dañarlos, pero tampoco voy a permitir que ellos me maten a mí. En el interior de la casa busco algo con qué defenderme pero no hay nada a la vista, así que empujo con todas mis fuerzas una puerta. Sin embargo, al entrar a esa parte de la casa una niña grita asustada, junto a ella se encuentran un hombre anciano y una mujer adulta, ocultos en un rincón. No se qué está pasando. De todas formas, ahí no hay nada que pueda usar, así que salgo de la habitación e intento entrar a otra, pero en ese momento los dos hombres entran a la casa. Instintivamente corro hacia ellos y mientras me lanzo sobre uno de ellos, el otro se hace a un lado, asustado por mi reacción, tropieza y, por error deja caer su arma. Mientras tanto, forcejeo con su compañero, logro quitarle el arma, y antes de que el otro pueda hacer algo, le disparo.

El otro hombre me clava una navaja en el costado y me empuja lejos de él, le disparo pero no logro darle, vuelvo a intentarlo, pero no pasa nada, el arma se ha quedado sin balas. Me mira, amenazante, con la navaja en la mano. Corro hacia él y lo empujo, pero logra clavar esa maldita navaja en mi pierna dos veces antes de que yo pueda alejarme.

Empiezo a correr por la calle. Aunque el dolor es intenso, mi propia supervivencia me obliga sobreponerme a él. Debo huir. Y me sorprendo de mí mismo, al darme cuenta de que, a pesar de estar herido, corro a una gran velocidad.

El bosque está cerca, y tal vez ahí pueda esconderme. Pero justo cuando doy vuelta en una esquina me encuentro con varios hombres uniformados, aunque su uniforme es distinto al de los hombres que me atacaron anteriormente. Doy media vuelta rápidamente, y antes de que pueda empezar a huir, una lluvia de balas cae sobre mí.

Caigo al el suelo, veo cómo mi sangre empieza a derramarse y mis fuerzas se desvanecen. Intento arrastrarme, aunque se que no servirá de nada. Escucho unos pasos acercándose… alguien se detiene junto a mí. Ni siquiera se quién soy y ya se que estoy a punto de morir. Varias imágenes me pasan por la mente y me dan una idea de quién soy… o al menos, de quién fui, antes de…

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Miro al tipo arrastrándose a mis pies, le apunto en la cabeza y le disparo… solo un disparo, y así es como termina todo esto.

—Llegamos a tiempo— les digo a mis hombres, intentando tranquilizarme y hacerme a la idea de que nos evitamos demasiadas complicaciones..
—Señor, nos informan que hay una baja— dice uno de ellos.
—Bueno, pudo haber sido peor, vayan a buscar al hombre a cargo de este lugar y tráiganmelo, debo hacerle unas preguntas.

Llevamos dos días buscando a este tipo, si nos hubieran informado antes, en vez de hacer lo que hicieron, hubiéramos logrado neutralizarlo antes de que matara a esos tres hombres que el otro equipo encontró esta mañana.

Mi comunicador suena, sé que es sobre esto, pero me alegra saber que logramos acabar con el problema antes de que se convirtiera en una verdadera pesadilla. Respondo a la llamada.

—Agente al mando, código ZX4, reportándose desde el pueblo minero, ubicado a orillas del bosque.
—¿Hay alguna novedad?
—Logramos eliminar al sujeto; por los informes que recibí, creí que mi equipo sería insuficiente, pero lo logramos…
—Espere. ¿Sujeto?
—Así es, hombre de mediana edad, 1.70 de estatura, complexión delgada, cabello negro. Ya puede estar tranquilo.
—Pero eran tres.

Maldita, hay otros dos. Hombres modificados genéticamente, sometidos a ciertos experimentos. No sabemos realmente qué fue lo que les hicieron, sus proyectos eran de alta confidencialidad. Esos estúpidos querían hacer algo grande, y creyeron que no era necesario informarnos. Lo lograron, hicieron maravillas con sus experimentos e investigaciones, hasta que todo se les fue de las manos. El lugar estaba a unos kilometros, la gente del lugar tenía prohibido acercarse, a cambio, dos oficiales permanecían en el pueblo, protegiéndolos de ladrones o cualquier forastero que llegara a causar problemas, aunque la mayoría de la gente les temía a ellos. Aun así, lograron convivir sin complicaciones.

Hace cinco días uno de los hombres con los que experimentaban empezó a alterarse durante una sesión de lavado de cerebro o algo así, intentaron tranquilizarlo, pero sus propias intervenciones en su mente y en su cuerpo lo habían hecho inmune al control que ellos tenían sobre él. Mató a los hombres a cargo y a cuatro de los otros sujetos con los que experimentaban. Los otros dos lograron liberarse, antes de que ese loco fuera por ellos y se pusieron tan mal como él. No podían hacer ya nada para contenerlo y no tuvieron más opción, cerraron las puertas del lugar y liberaron un gas que mataría a todos en el interior. Aunque esa decisión fue tomada solo por los que estaban a cargo, el resto del personal no tuvo elección. Algunos se dieron cuenta de lo que iba a pasar y decidieron huir antes de que las puertas se cerraran, lamentablemente, el pasillo tenía un gas mucho más letal que el que fue liberado en el interior, y tomando en cuenta que la salida estaba cuesta arriba, su escape era prácticamente imposible, murieron antes de llegar a la salida.

Hasta ahí todo parecía estar controlado, pero los idiotas no se dieron cuenta de que sus especímenes mejorados también serían más resistentes a cualquier toxina, veneno o gas letal que ellos pudieran usar en su contra. Lo único que lograron fue aturdirlos, dejarlos inconscientes por algunas horas, pero no murieron. Hasta donde yo sabía solo era uno, pero ahora me entero de que fueron tres los que salieron de ese agujero. Ruego al cielo porque el tipo que acabamos de matar haya sido el más peligroso. Porque si no…

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Llevo varios días caminando, tal vez comer carne humana podrá parecer algo terrible para una “persona civilizada”, pero cuando se trata de sobrevivir, todo es válido, y realmente ya no soy parte de eso que llaman civilización, estoy por encima de ella. Sabía que al salir de ese lugar tendría que recorrer un largo camino, así que me alimenté bien. Además, lo que ellos hicieron conmigo… bueno, digamos que estamos a manos.

Solo tuve que esperar a que uno de ellos creyera que estaba a salvo, sabía que al menos uno había sobrevivido, el mismo que inició el programa para matar a todos (a todos excepto él), tuve que contenerme a mí mismo por varias horas, tirado en el suelo, fue bastante aburrido, debo admitirlo, pero valió la pena. Cuando la puerta se abrió supe que era el momento y me lancé sobre él, comí su carne y bebí su sangre, el sabor no importaba, solo necesitaba algo que me diera la energía necesaria para el viaje de regreso, y claro, había que pagarle el favor que les había hecho a los demás.

Cuando todo esto comenzó, éramos varios, al final solo quedamos siete. Los demás fueron desechados como animales muertos. Simplemente arrojados en fosas comunes, nadie se preocuparía por ellos. La gente al mando creía que no recordábamos nada, que habían dejado nuestra mente en blanco, pero yo aun recordaba, y solo esperaba el momento de huir de ese lugar, antes de que acabaran conmigo también. Debí matar a los otros cuatro porque eran los únicos que tenían la mente tan dañada como para servir fielmente a los que nos hicieron esto, no me arrepiento de haberlos matado, los otros más bien estaban confundidos, se alteraron un poco cuando me vieron destrozando el lugar, pero el gas los puso a dormir, fue bastante conveniente. Estoy consciente de que ellos también sobrevivieron, pero no me interesan, pueden salir y escoger su propio camino. Yo voy de regreso a la ciudad, a la civilización, el mundo me espera y yo estoy ansioso de volver a él, como un hombre nuevo.

Puedo ver a lo lejos las luces de la ciudad, ya falta poco, y tengo algunas cuentas pendientes que arreglar…

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03 – Tic tac

La mirada clavada fijamente en el techo, el cuerpo rígido, los pensamientos huecos. ¿Qué está pasando? ¿En dónde estoy?

El silencio empieza a hacerse cada vez más espeso y… de repente, en mi pecho percibo un latido, dos latidos, tres… se abren paso para marcar una especie de ritmo en medio de la oscuridad, un sonido apenas audible, que me recuerda que estoy vivo, aunque éste resulta ser un sonido más mecánico que orgánico. Es entonces cuando lo comprendo, ese no es un latido proveniente de un corazón que bombea sangre, más bien suena como varios engranes funcionando de manera conjunta.

Una máquina. Eso es… ¿Una máquina?

Me quedo quieto y sigo el ritmo del complejo engranaje que hay en mi interior (¿Qué otra cosa podía hacer?). Todas esas ruedas dentadas que se mueven mecánicamente. Es toda una maravilla, pienso yo. Cuando me acostumbro al funcionamiento de esa máquina interna empiezo a sentir cómo mis pensamientos se expanden un poco más, gracias a unas pequeñas chispas que empiezan a encenderse en mi cerebro, pequeñas descargas eléctricas, casi imperceptibles… pero ahí están, lo sé, las siento… encendiéndose y apagándose de manera intermitente. ¿Aun puedo llamar cerebro a lo que tengo en la cabeza? Tal vez si, un cerebro mecánico. Una computadora, o algo así.

Muevo algunos músculos metálicos de mi rostro y, en la oscuridad, se dibuja algo parecido a una sonrisa. Los engranes siguen realizando su trabajo. Y entonces, la sonrisa desaparece, y un rostro de preocupación aparece en su lugar. Una chispa se ha encendido dentro de ese cerebro mecánico, y después de varias operaciones lógicas y matemáticas, he descubierto algo terrible. Todos esos engranes, cables, órganos metálicos, todo ese complejo mecanismo, forma parte de una máquina maravillosa y extremadamente mortal. Una bomba de tiempo. No se cómo lo sé, pero estoy seguro de eso. Podría llamarse intuición, aunque una máquina no puede hablar de intuición, es más bien una conclusión lógica, aunque no tengo idea de cómo llegué a esa conclusión.

Intento mover las manos, esperando no realizar algún movimiento que altere mi funcionamiento y me haga estallar antes de tiempo. Pero… ¿porqué? ¿con qué propósito he sido activado? ¿quién encontrará su momento final cuando mi reloj interno llegue a 00:00:00?

Mis manos llegan hasta mi pecho, busco algo, algo parecido a… algo parecido a… ahí está… presiono un botón, y una tapa metálica se abre al instante, dejando al descubierto todo ese complejo aparato que trabaja sin detenerse. Tal y como lo pensaba, ahí se esconde un maravilloso mecanismo compuesto de cables, circuitos, engranes y otras cosas que desconozco, pero aun así, estoy seguro de que forman parte de una bomba.

Más operaciones lógicas. Lo tengo. Solo debo desconectar un cable. Ok, eso es fácil, después todo estará bien. Pero… ¿cuál? ¿el rojo o el azul?… y además… ¿cómo distingo un color de otro en medio de la oscuridad? ¿acaso no conozco mi funcionamiento y mi estructura exacta para saber en qué parte está cada cosa? Sí, tengo que saberlo, solo debo buscar en mi memoria. Mi cerebro mecánico parece estar cansado y no me da ninguna respuesta.

Mis manos retroceden, dejando ese aparato tal y como está. Cierro la tapa y espero. Qué más da, para esto he sido construido, supongo. Mi cerebro parece trabajar de manera errante, la presión se acumula ahí arriba, poco a poco, y me impide pensar correctamente. No importa.

Tic, tac, tic, tac, tic… el sonido del reloj continua, no se detiene. Así debe ser.

Varias chispas empiezan a encenderse, y repentinamente, descubro que faltan 90 segundos. ¿90 segundos? ¿para qué?.

La respuesta es obvia. No tengo que realizar más operaciones lógicas para saber lo que sucederá.

Mientras espero, pienso, no como una máquina, sino como un ser humano, hecho de materia orgánica (o al menos quiero creer que sigo siendo humano), y recuerdo aquellas preocupaciones que me estresaron durante el día: el trabajo, las cuentas que hay que pagar, los compromisos pendientes, mi familia, mi esposa y mis hijos, ni siquiera me queda tiempo para vivir. Pero eso ya no importa, ahora soy una máquina. De hecho, tal vez nunca fui un humano, ¿o si?, ¿entonces, porqué tengo esos recuerdos?, y si alguna vez fui un humano, ¿en qué momento dejé de serlo?, ¿en realidad soy una máquina?. Probablemente esto sea solo una pesadilla. Un segundo antes de estallar me despertaré agitado y dejaré de preocuparme por la inminente explosión. Y entonces me preocuparé por lo que ya me preocupaba antes.

Uhmmm… viéndolo de esta manera, tal vez sea mejor estallar, dejar de preocuparme y dejarme ir.

00:30, 00:29, 00:28…

Sonrío.

00:23, 00:22, 00:21…

Dejo de sonreír.

Ya falta poco. Inhalo y exhalo lenta y profundamente. ¿Porqué una máquina necesitaría oxígeno?, me pregunto. Qué importa. Entender y explicar mi propio funcionamiento me tomaría mucho tiempo y, lamentablemente, el mío ya se está acabando.

00:15, 00:14, 00:13…

Ya casi.

00:11, 00:10, 00:09…

Cierro los ojos y espero el inminente final. Tal vez… tal vez, si tan solo tuviera más tiempo, lo aprovecharía mejor. Dejaría de preocuparme por cuestiones humanas. Lo haría mejor. ¡Tonterías! yo nunca he sido humano. Aunque… me hubiera gustado ser uno de ellos. Una máquina con pensamientos humanos, quién lo diría. Con la poca ironía que queda en mis circuitos pienso en todos esos humanos que se convierten a sí mismos en máquinas. Siento lástima por ellos.

00:03, 00:02…

Eso es todo. Hasta aquí llego yo.

00:01, 00:00

Boom! Una explosión. Fuego por todas partes, consumiéndolo todo. Consumiendo… ¿nada?… no… eso no fue lo que pasó. No hubo ningún boom, ni siquiera un bang. El reloj sigue en 00:00:00. Pero yo también sigo aquí. ¿Qué pasó?. Noto un suave movimiento en el interior de mi pecho, e intento adivinar qué es. No estoy seguro, pero parece ser un péndulo.

Sigo asustado y me quedo quieto por un rato más, empiezo a acostumbrarme a ese péndulo, pero también empiezo a notar que poco a poco se va desvaneciendo. Y en su lugar, empiezo a sentir nuevamente los latidos de mi corazón. Automáticamente, llevo mis manos hacia mi rostro. Ya no hay placas metálicas, lo que mis manos sienten es piel, tejido vivo. ¿Fue solo un mal sueño?.

Pero todo parecía tan real. Miro a un lado y ella sigue ahí, durmiendo tranquilamente. La abrazo. Qué bien se siente no ser una máquina. Qué bien se siente volver a ser el mismo de antes. No, no es así, algo cambió, no se cómo ni porqué, pero estoy seguro de que algo cambió. Mientras la abrazo, empiezo a sentirme cansado. Miro el reloj digital que está al lado de la lámpara, son las 03:00 a.m., y antes de quedarme completamente dormido, puedo notar que los latidos de mi corazón se entremezclan con los débiles sonidos de una máquina, una máquina delicada hecha de piezas pequeñas, como las de un reloj. Después de todo, ¿no es nuestro cuerpo una compleja máquina orgánica?

Ella se despierta y me pregunta qué pasa, yo le respondo que no pasa nada, le digo que vuelva a dormir, en unos segundos ella se queda dormida nuevamente y antes de quedarme dormido le deseo dulces sueños. Dulces sueños, vuelvo a repetir, mientras me quedo dormido, y los débiles sonidos de un complejo mecanismo interno responden: tic, tac, tic, tac…

tictac

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02 – El Mensajero

The dreaming, Dave McKean

The dreaming, Dave McKean

Julián era un hombre trabajador y responsable, un oficinista bastante ocupado, trabajando en una empresa importante. Todos los días se levantaba a primera hora de la mañana, antes de que el sol empezara a iluminar la ciudad, desayunaba, y salía para tomar el transporte público e ir de su casa al trabajo. Al finalizar el día regresaba a su hogar, sólo para cenar con su familia y dormir junto a su esposa. Él era un hombre normal, con una vida normal; algo demasiado rutinario y aburrido, para quien disfruta las emociones fuertes y la espontaneidad de lo inesperado. Aún así, él se sentía conforme con aquel empleo, ya que le daba una estabilidad social y económica que le permitía disfrutar de algunos lujos y salir de paseo con su esposa y su hija cada domingo. También, una vez al año, la empresa para la que trabajaba desde hace ya varios años lo recompensaba con dos semanas de vacaciones, entonces llevaba a su familia a algún destino turístico (cuya elección recaía casi siempre en su esposa), y así, él se alegraba de poder darle a su familia una vida tranquila y sin privaciones.

Pero Julián no disfrutaba su vida completamente. Los días se le hacían demasiado largos y, a veces, se hartaba un poco de vivir únicamente para trabajar y esperar sus días de descanso, semana tras semana, año tras año. Consideraba que a pesar de que a su familia no le faltaba nada, las satisfacciones y emociones que le daba la vida eran demasiado escasas, pero eso era algo que se guardaba para él mismo. Hay que ser realistas, no se puede ir por la vida anhelando caminos inciertos cuando se tiene una buena estabilidad económica, se decía a sí mismo e intentaba no pensar de más.

Sin embargo, aquel día de Noviembre fue distinto a todos los demás.

Él se despertó como cada mañana, antes de que el sol se asomara en el horizonte, se preparó unos huevos y un poco de café; aquella noche no pudo dormir bien, había soñado algo raro, tuvo pesadillas o algo así, no lo recordaba bien… aunque realmente no le interesaba demasiado pensar en esas cosas. Mientras terminaba de desayunar tuvo la vaga sensación de que aquel día sería parte de algo importante, pero antes de que pudiera asimilarlo miró el reloj y se levantó de la mesa rápidamente. “Ser parte de algo importante” esas palabras revolotearon por un segundo en su mente, aunque el hecho de haber vivido una vida tan rutinaria y simple por tanto tiempo había hecho de él una persona muy poco receptiva a esas señales que el universo da, señales que hacen que uno distinga unos días de otros, clasificándolos en una escala que va desde el “hoy no es mi día” hasta el “hoy tengo una cita importante con el destino”; pero tratándose de alguien como Julián, no es raro que haya subestimado la importancia de aquel día con un simple “creo que hoy me siento bien”, y sonriendo para sí mismo, frente al espejo, repitió: “no se porqué pero me siento bien, hoy será un buen día”.

Su esposa aun dormía. Él se acercó a la cama y se despidió de ella dándole un beso en la mejilla. Antes de salir del cuarto, volteó a verla y recordó cómo se habían conocido y enamorado, cuando eran apenas unos adolescentes; pensó que tal vez podría salir del trabajo unas horas antes y así poder llevar a su esposa a cenar a algún restaurante del centro, aprovechando que aquella noche, su hija se quedaría en casa de una amiga de la escuela. No era común para él pensar o planear cosas que salieran de la rutina establecida y volvió a pensar (un poco confundido aún) que, simplemente, ese era un buen día y él se sentía con ganas de hacer algo distinto; seguramente a su esposa también le extrañaría un poco, pero sería una agradable sorpresa, tener una cena romántica solo porque sí.

Y salió de su casa, dirigiéndose a su trabajo. La sensación que él había tenido desde el momento en que despertó era cierta, aquel día iba a ser completamente distinto a todos los demás: él sería parte de algo importante. Ya desde el momento en el que despertó, se había convertido en un pequeño engranaje dentro de un sistema complejo de eventos, por fin era parte de algo grande e importante… lamentablemente, para él, eso no significaba que fuera un buen día.

Salió de su casa y entró a una tienda que abría desde temprano, compró un periódico y se lo puso bajo el brazó mientras seguía caminando. Subió al colectivo, se sentó y empezó a leer el periódico; a esa hora muy pocas personas abordaban aquella ruta, así que había muchos lugares disponibles, se sentó en un asiento ubicado dos lugares detrás del chófer, que manejaba con la mirada siempre hacía adelante, escuchando las noticias de la mañana todos los días. Julián se sentía tan extrañamente feliz (quizá por saberse parte de algo importante, aunque este conocimiento solo fuera inconsciente), y mientras leía el periódico, comenzó a silbar la melodía de una canción que no lograba identificar, quizá la había escuchado en la radio o en algún programa de los que veía su hija los fines de semana… no le dio mucha importancia y siguió leyendo y silbando alegremente.

El colectivo en el que viajaba tuvo que desviarse por unos trabajos de reparación que se estaban realizando en las calles por donde siempre pasaba, y Julián no notó el cambio de ruta hasta varias calles más adelante, así que tuvo que regresar caminando, pero eso no le molestó, aunque le pareció un poco extraño el haber confundido las calles y no haber notado el cambio de ruta. Mientras caminaba de regreso, volvió a silbar aquella canción. Otro hombre que había bajado del colectivo caminaba muy despacio, detrás de él, lo cual lo hizo sentir un poco incómodo, pero intentó ignorarlo y volvió a lo suyo, caminando y silbando, pensando en lo que haría aquel día.

—Bonita canción ¿se sabe la letra?— dijo aquel extraño, apurando el paso y acercándose más a él.
—No, la verdad es que ni siquiera recuerdo qué canción es— le contestó Julián, indiferente.
—Eso pensé.
—¿Usted se la sabe?
—No, aun no, es la primera vez que la escucho… pero continúe, por favor, y disculpe la interrupción.

La respuesta lo desconcertó un poco. Solo debía responder sí o no, no tenía porqué añadir el “aun no”. Aquel hombre caminó a su lado hasta la esquina, donde dio vuelta y siguió su camino, mientras Julián esperaba a que la luz del semáforo cambiara para poder cruzar la calle.

Para no seguir pensando en aquel sujeto extraño, intentó recordar la melodía que ya empezaba a disolverse en el inmenso mar de su memoria, en cuanto recordó la parte inicial volvió a silbarla. La había repetido dos veces ya, aunque con dos interrupciones también, cuando se dio cuenta del cambio de ruta bajó del colectivo, y cuando aquel hombre extraño se acercó para hablarle. Esta vez continuó silbando y llegó hasta la parte que faltaba, aunque él no lo sabía y tampoco lo notó. La luz del semáforo cambió y Julián avanzó. En ese momento, un auto que venía desde el otro lado de la calle perdió el control y golpeó directamente a Julián, arrojándolo varios metros en el aire, antes de que su cuerpo y su cabeza golpearan la acera de enfrente. El auto era conducido por un hombre que había sufrido un ataque al corazón y solo un poste de luz pudo detener su trayecto.

La gente se empezaba a reunir alrededor de aquel cuerpo sin vida que se desangraba en la acera, mientras otros se acercaban al auto que se había estrellado con el poste que se encontraba varios metros más adelante.

El hombre que se había acercado antes a Julián estaba llegando en ese momento a un parque que se encontraba cerca, tarareando la canción que había aprendido aquella mañana, incluyendo la parte final que Julián llegó a silbar unos segundos antes de morir, él alcanzó a escucharla usando métodos que había aprendido gracias al estudio y práctica de las “artes ocultas”, como a él le gustaba llamarlas.

Al final, Julián alcanzó a silbar la melodía completa, aquella que un hombre extraño, vestido de negro, le había enseñado en sueños, y que ahora llegaba por fin a su destinatario como un mensaje en una botella, era una lástima que, para que el mensaje no llegara por error a otros destinatarios, se tuvieran que deshacer del mensajero.

Después de tararear la canción un par de veces, aquel extraño hombre sonrió, el mensaje había llegado a su destino, y había sido descifrado con éxito. Había estado esperando muchos años ese mensaje, desde aquel día en el que su hermano fue expulsado de esta realidad y a él le fue negado el acceso al mundo de los sueños. Llevaba ya varios años sin dormir, sin soñar, pero no se desesperó, sabía que el momento llegaría y que era necesario prepararse para cuando eso pasara. Ahora, gracias a aquel tipo… ¿cuál era su nombre? bueno, no importa, el momento por fin había llegado, y una parte de este mundo estaba a punto de arder.

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01 – Fragmentación natural de los cuerpos

En el centro de la realidad (hay que aclarar que cuando se habla de una realidad sin límites ni forma, el centro se puede encontrar en todas partes y en ninguna a la vez), un extraño suceso tiene lugar. Ante la mirada impasible del universo, una luz se hace presente, parpadeando durante unos segundos, atravesando la noche eterna, solitaria, durante siglos, que se extienden hasta convertirse en milenios, esperando el momento indicado.

Inesperadamente, la luz crea el sonido, comienza a apagarse y deja de brillar para empezar a latir; a su alrededor, el espacio se contrae, creando tejidos, unos sobre otros… y así inicia todo. En determinado momento, aquella insignificante partícula de existencia empezará a asimilar la conciencia universal, extendiendo su mirada hacia el pasado y hacia el futuro, abarcando el tiempo y el espacio, sin saber discernir todo este conocimiento, y entonces la noche la cubrirá con un manto negro.

Y dormirá, y olvidará.

Has pasado mucho tiempo colgado de ese delgado hilo que a su vez cuelga de la nada, pero hoy decidiste despertar y descender, tus pies por fin tocaron el suelo y si, es como lo recordabas (¿cómo es posible recordar algo que nunca has experimentado?), solido, firme… simple… y sin embargo, aun en su simpleza existe algo que te asombra; te acostumbras un poco y das tus primeros pasos, lentos y torpes, abres los ojos y empiezas a ver, todo a tu alrededor es nuevo, todo es tan confuso, tan difícil de comprender, pero sigues caminando, sabes que tienes que llegar a algún lugar.

Mientras caminas, te vuelves uno con el mundo. aprendes los usos y costumbres del espacio que te rodea. Te adaptas al momento y al lugar. Vives, y dejas que el tiempo transcurra a su ritmo, durante casi toda una eternidad.

Y el tiempo pasa, tantas veces como le es posible, hasta que se olvida de ti.

Ser olvidado por el tiempo no es tan complicado, al menos no tanto como ser olvidado por la realidad, solo hay que saber no olvidarse nunca de uno mismo, es esa autoconciencia la que te permite mantenerte anclado al plano existencial, claro, mientras tú quieras.

Y el tiempo pasó.

Justo cuando creías que este momento ya no llegaría. No estás obligado a seguir este camino, sabes que puedes seguir naufragando a la deriva por el resto de la eternidad, pero algo en tu interior te dice que tienes que hacerlo, has vivido lo suficiente como para saber que ha llegado el momento. Te detienes por un momento a observar. Reflejadas en el aire, cientos de escenas de distintas realidades se muestran ante tus ojos, alguien se ha desprendido de su sombra en algún punto de este mundo y se eleva poco a poco, justo en ese momento, y de tus ojos cansados brota una lágrima. Debes continuar.

Mientras caminas, miles de pensamientos regresan a ti, uno a uno empiezan a brotar de algún lugar de tu memoria, te cuesta trabajo organizarlos pero lo intentas, con mucha dificultad lo intentas, el conocimiento de cientos de vidas empieza a ocupar tu mente en unos cuantos segundos, sientes que vas a estallar y te detienes, ya no puedes seguir. Has Fallado, no hay nada más.

Sabías que sería difícil, pero tenías la esperanza de poder llegar hasta el final, y ahora no puedes siquiera dar un paso más, tus fuerzas se desvanecen y te dejas caer. Y un sueño muy pesado cae sobre ti.

Una suave brisa te hace despertar, abres lentamente los ojos y ves el amanecer, te preguntas si acaso fue un sueño, pero no, todos esos pensamientos siguen ahí, se reagrupan y te vuelven a atormentar, entonces escuchas una voz que viene de todas partes, te llama, te llama sin pronunciar tu nombre, pues ni siquiera recuerdas haber tenido uno; te pones de pie y escuchas, te ordena empezar a hablar, pero… de qué puedes hablar en estos momentos si esos pensamientos no te dejan siquiera pensar en otra cosa.

Y por fin lo entiendes, este es el lugar, has llegado al final del camino.

Te pones de pie y empiezas a hablar, todos tus pensamientos se esparcen en el viento, en este momento nadie te oye pero el viento se encargará de llevar tus palabras a donde tengan que ir, empiezas a sentirte un poco más ligero y de repente empiezas a notar que tu cuerpo empieza a fragmentarse, puedes verlo disolverse en pequeñas partículas de un polvo muy fino que empieza a mezclarse con el viento, tu cuerpo se desvanece mientras hablas, tu existencia empieza a volar junto con tus palabras. Al final solo queda tu corazón, como una mancha oscura que late suspendida en el aire. Ya no se oye tu voz, solo queda el silencio interrumpido por tus latidos.

Y entonces, con un último latido, tu corazón estalla dejando escapar un largo suspiro. Todo ha terminado. Ya puedes descansar. Ahora eres parte del universo que te vio nacer.

Bienvenido a la eternidad.